Estan cara a cara, en una calle, llena de gente y en realidad,estan sólo ellos dos en el mundo. Iban caminando tranquilamente, cuando por pura magía, el destino, por un impulso desefrenado, o como quieras llamarlo. Y de repente, le sujete la muñeca y se apollan contra la pared. No sabría decir si llevan minutos, horas o jodidos milenios mirándose, pero la sensación es genial. Él sonríe, le agarra de la cintura. Coloca una mano en su hombro y comienza a girar. Bailan en plena calle, la gente les mira y ella se ríe tanto, que, ¡joder!, lamenta no hacerlo todos los días; debería hacerla bailar todos los días, a todas horas, solo para que sonriera así. Él los para, quiere mirarla un poco más, se enamora, ella se acerca y..¡muack! un besito en el cuello. Cierra los ojos, y cuando por fín los abre, ella sonríe, burlona, con esa sonrisa torcida. Se acerca a ella, tanto que los dos respiran el mismo oxígeno, aunque en realidad apenas respiran. Ella, se acerca, tanto que si hablaran los labios rozarían. Él ni se mueve, espera el siguiente paso. Ella arquea una ceja, y él, sonríe.
-Ahora dirás que no quiere besarme,¿o qué?
-Siempre quiero hacerlo.

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